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Infección espinal

Al igual que otras estructuras óseas y de tejidos blandos del organismo, las estructuras vertebrales pueden infectarse con bacterias a través de varias vías de infección.

Las infecciones espinales pueden ser de diferentes tipos, principalmente dos, espontáneas o invasiva.

Las infecciones espinales espontáneas suelen ocurrir en las personas de edad avanzada o aquellas con un sistema inmunitario débil.

Las infecciones invasivas pueden afectar a cualquier persona que se someta a una intervención de la columna, desde una inyección a grandes operaciones.

En general, esta afección se produce cuando las bacterias invasivas debilitan el sistema inmunitario del paciente. Esto explica también por qué es relativamente más frecuente en personas de avanzada edad y pacientes con enfermedades debilitantes del sistema inmunitario como sida, durante un tratamiento con quimioterapia o después de este y en pacientes con antecedentes de tratamientos con cortisona o diabetes.

Otro factor de riesgo es la desinfección inadecuada de la piel antes de una infiltración o una intervención en la columna.

La infección espinal es una afección que suele diagnosticarse tarde, ya que es bastante rara. Los síntomas tampoco suelen ser específicos de la afección, por lo que es necesario que el médico analice detalladamente los antecedentes para sospechar que puede tratarse de esta afección y seguir con otros métodos de diagnóstico.

La infección espinal primaria se presenta, a veces, con otras infecciones en otras partes del cuerpo o después de estas, por ejemplo una infección vesicular, articular, pulmonar o incluso de las membranas cardíacas (endocarditis).

Además de los factores de riesgo descritos anteriormente, otra infección en el organismo, junto con dolor en la espalda (no relacionado con el esfuerzo y que empeora por la noche) deberían alertar acerca de una infección espinal. También es posible que aparezca fiebre.

Algunos casos de infecciones espinales pueden provocar una parálisis de todas las extremidades (cuando se ve afectada la columna cervical) o las extremidades inferiores (cuando se ve afectada la columna toracolumbar).

Esta parálisis puede tener su origen en una formación de pus en el conducto vertebral (absceso) o en la movilidad anómala del segmento infectado (inestabilidad), ambas provocan la compresión de las estructuras nerviosas del conducto (la médula espinal o las raíces nerviosas).

El tratamiento de la afección depende del grado de la enfermedad y el progreso de la deterioración nerviosa. Al inicio, con síntomas leves y tolerables, el médico puede empezar con varias semanas de tratamiento para el dolor, antibióticos y apoyo externo temporal; en algunas ocasiones, con reposo en la cama. Si este tratamiento fracasa, puede que sea necesario realizar una intervención quirúrgica.

La operación se lleva a cabo desde la parte anterior o posterior, o ambas. La decisión sobre el tratamiento dependerá de cuántas vértebras están afectadas y dónde se encuentra la ubicación principal del estrechamiento, así como de la estabilidad del segmento.

El objetivo principal de la operación es erradicar la infección, proporcionar más espacio para la médula espinal y estabilizar la columna mediante tornillos y varillas metálicas. Tras la intervención es posible que sea necesaria la administración de antibióticos durante hasta 6 meses.

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